
Las obras que actualmente se realizan en el Arco de la Independencia, uno de los símbolos más representativos de Monterrey, encendieron las alarmas a nivel federal. El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) advirtieron que los trabajos podrían estarse llevando a cabo sin la autorización correspondiente.
A través de oficios enviados al alcalde Adrián de la Garza, ambas instituciones expresaron su preocupación por la intervención del monumento, considerado un inmueble con valor artístico, y exigieron claridad sobre la existencia de permisos oficiales.
El INBAL fue claro: cualquier intervención en este tipo de bienes debe contar con el aval de la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble (DACPAI). Sin embargo, hay indicios de que las obras en curso no cuentan con ese visto bueno.
El Arco de la Independencia, diseñado por el arquitecto Alfred Giles y construido por Pedro Cabral a inicios del siglo XX, no es un elemento menor del paisaje urbano, sino parte del patrimonio cultural de la ciudad.
Por su parte, el INAH respaldó la preocupación y fue más allá al pedir la suspensión inmediata de los trabajos. Aunque aclaró que la responsabilidad directa recae en el INBAL, advirtió que intervenir sin autorización federal pone en riesgo el valor artístico y cultural del monumento.
En un oficio fechado el 20 de abril, el organismo exhortó al Ayuntamiento de Monterrey a detener cualquier obra en el Arco y su entorno, así como a regularizar la situación mediante la obtención de permisos y el cumplimiento de criterios técnicos de conservación.
Más allá del trámite administrativo, el fondo del problema es claro: intervenir el patrimonio sin supervisión no solo viola la normatividad, también abre la puerta a daños irreversibles.




